Mancuso confesó tener 336 muertos sobre sus espaldas. ¿Si eso fue lo que reconoció cuántos en realidad serán en un país donde más de 6.000 familias buscan a sus desaparecidos, más de 2.000 de ellos desde 2001?.
Qué yo no mandé a matar a todos, que eso lo hizo Castaño, también el general Manosalva del Ejército (ya muerto). Que los muertos eran guerrilleros disfrazados de campesinos, que los muertos a veces los presentaba el Ejército como guerrilleros. Cuánta cosa no dijo Salvatore Mancuso, ex comandante de las Auc, ante los fiscales que lo procesan por tantos crímenes de lesa humanidad, para lavarse las manos. Pero todo está en su conciencia. También reconoció que las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) pagaban mil millones de pesos a las Fuerzas Militares en diferentes zonas del país con el fin de obtener su colaboración.
Lo peor de todo es que lo decía de una manera tan serena y a veces entre crimen y crimen se dejaba venir un chiste para el fiscal, según lo relataban los familiares de las víctimas que pudieron entrar al Palacio de Justicia de Medellín a ver las confesiones de un asesino.
Más grave no puede ser lo que sigue: por haberlo reconocido, Mancuso tendría que estar en prisión máximo ocho años según lo establece la Ley de Justicia y Paz.
Con solo pinchar en el número 366 puede conocerse hasta donde llega el cinismo de una guerra y lo peor es que al muerto no lo resucita nadie.
Otra cosa si puede hacer cualquiera de estos jefes paramilitares al menos para liberarse un poco de su carga: decir donde están enterrados todas las personas que han desaparecido en Colombia.
Eso al menos daría paz a sus familias que a la fuerza tuvieron que resignarse a no verlos y con impotencia contemplan como la impunidad se sienta en el trono.
Relataron asistentes a la audiencia de Mancuso que no ha agachado nunca la cabeza para decir perdón, maté y desaparecí a tanta gente. Por el contrario, según se lo expresaron los asistentes a los medios de comunicación al término de la audiencia, mantuvo un tono altanero, fue soberbio. Y cuando ya se creía que nada puede ser peor lanzó una frase que todavía duele a quienes han visto los cadáveres de sus seres queridos torturados y asesinados: “eran muertes inevitables“.

Un Comentario
Pasé a saludarte. Lo que mencionas de Mancuso, o de las injusticias que se desprenden de su presencia y de sus actos, con relación a las leyes, es realmente desalentador. Pero a pesar de todo, habrá justicia. Saludo.