
El día que cegaron el anhelo de un periodismo libre
“A este país lo que le está faltando no es plata, metálico, materialismo puro sino profunda reconquista de la moral en el sector público y privado. El narcotráfico nos ha corrompido, el contrabando nos ha corrompido, la compra y venta de influencias nos ha corrompido, la mordida nos ha corrompido, el afán del dinero fácil nos ha corrompido, el alquiler del voto nos ha corrompido. Estamos presenciando el crecimiento de una generación sin fronteras morales, sin valores ni principios”: Guillermo Cano Isaza
El 17 de diciembre de 2006 se cumplen 20 años de la desaparición
del director del diario El Espectador, Guillermo Cano Isaza, asesinado en Bogotá por carteles del narcotráfico.
Como Sinuhe, hoy escribo para mí. En 1986, cuando aun estaba en primero de bachillerato, no sabía que existía Guillermo Cano. Tampoco me había preocupado por leer todo lo que escribía El Espectador. Sí sabía que existía el narcotráfico, que era gente muy peligrosa, que ponían bombas, que mataban gente, que tenían mucha riqueza y que todos tenían miedo de salir en las noches y que a Medellín todos tenían miedo de venir.
Eso era lo escaso que conocía de la guerra y el periodismo. Años después, por esas cosas de la vida terminé en una facultad de Comunicación Social y fue justo el diario EL ESPECTADOR el que me abrió las puertas para descubrir este maravilloso oficio. De ese valeroso director había un legado tan grande que me parece increíble que existiesen periodistas tan valientes y decididos como él. Guillermo Cano, sin pelos en la lengua para cantarle las verdades a los narcos había muerto con la frente en alto por una causa que es la más difícil de todas en esta profesión: La verdad.
Ingresé a El Espectador dos años después de que Pablo Escobar estaba muerto y que parecían acabarse las bombas. Nueve años después de que murió Cano y que toda una empresa que con tanto esfuerzo construyeron los Cano parecía venirse abajo. A ese periódico en el que estuve seis años le doy gracias todos los días y duele saber que no sale a diario sino cada semana porque los narcotraficantes no sólo mataron a Guillermo Cano sino que quisieron silenciar su sueño de un periodismo libre.
De Guillermo Cano aprendí mucho. Nació en Medellín en 1925 y ejerció el periodismo por más de cuatro décadas. Desde los 17 años se vinculó al periódico. Más adelante, fue director del medio, posición que ocupó hasta el día de su muerte.
No sólo criticaba a los narcos y denunciaba sus atrocidades. Les dijo en la cara a muchos que eran corruptos y violadores de los derechos humanos y fue un asiduo defensor de la libertad de prensa.
El 17 de diciembre de 1986, a 7 de la noche, luego de salir de las instalaciones
del periódico, dos sicarios a bordo de una motocicleta se acercaron a su camioneta y lo mataron. Luego Pablo escobar ordenó matar también a otros periodistas y algunos
funcionarios administrativos del periódico; unos más debieron exiliarse fuera del
país. Dos años después le puso un carrobomba al periódico por el que ya había dado la vida Cano y casi que destruyó por completo la sede. Pero el ánimo por la verdad siguió vivo. Aunque hoy lastimosamente el crimen de Cano como el de la mayoría de periodistas de Colombia sigue impune. Guillermo Cano vive aun en quienes creen en un periodismo libre, honesto, responsable y que no teme desenmascarar a los asesinos de sueños.