Elizabeth Yarce, diciembre 28 de 2004
EL COLOMBIANO
O aborta o regala a su hijo. Fue el ultimátum del comandante del frente 57 de las Farc, en 1997, a Flor María, guerrillera de ese grupo que se fugó en abril de 2004 y hoy da gracias de haber concebido a su niña.
Flor María está bajo protección del Programa de Atención al Desmovilizado del Gobierno y, de manera desesperada, pide al Comité Internacional de la Cruz Roja (Cicr) o al propio Estado que le ayuden a recuperar a la pequeña, a quien llamó Angie y hoy debe tener cuatro años.
“Sé que la tienen en Apartadó. Antes de fugarme, otra guerrillera, que estaba saliendo con el papá de la niña, me dijo que habían logrado que se la llevara un familiar de él. Pero ni siquiera sé cuál es la familia”, dice la joven.
Flor María ingresó a las Farc, en el municipio de Unguía (Chocó), cuando tenía 13 años. “Me decían que estaría constantemente cerquita de la familia. Cuando una está allá le cortan los permisos. Hasta el sol de hoy nunca más he sabido de ellos”, relata esta mujer, de 22 años.Intentó fugarse una y otra vez pero fue en vano y sólo pudo lograrlo hace ocho meses, luego de terminar una misión en Dabeiba.Mientras estuvo en las Farc observó que las mujeres tenían reglas distintas a las de los hombres y una de ellas, la fundamental, era “nunca quedar embarazadas”.
“Cuando ingresé, el comandante era Víctor. Me tocaba entrenarme, cargar costales pesadísimos llenos de comida y no podía comer. Era para coger moral. Una se desmoraliza. Y si se pone grosera lo fusilan. Fusilaron a un pelao por eso. Después, me mandaron para comisiones y patrullajes. Manejaba armas. Éramos un poco de mujeres. Participé en la toma guerrillera de Juradó (diciembre de 1999)… Tenía apenas 17 años”, agrega Flor María.
Embarazo a escondidas
Quedó embarazada cuando estaba en una misión en zona limítrofe entre Antioquia y Chocó. En ese tiempo, le fue encomendado el cuidado de varios soldados retenidos, entre ellos Pedro José Guarnizo, quien sobrevivió a la matanza del gobernador Guillermo Gaviria, el ex ministro Gilberto Echeverri y ocho militares (en mayo 5 de 2003, en zona rural de Urrao).”Cuidando a Guarnizo me embaracé de un pelao que patrullaba en la zona. Cuando lo supe me quedé callada porque a otras viejas que habían quedado preñadas las obligaban a abortar.
Ellos (sus jefes) se dieron cuenta cuando empecé a enfermarme”, relata.Primero le dieron un abortivo natural, pero Flor María se agravó y estuvo a punto de morir.”Lo sacaban de un palo que se llama Quinina. La concha la hervían y me la daban. Me puse mal. Me salía babaza, pintaba sangre y casi aborto. Dije que no tomaba nada más, así me hicieran lo que me hicieran. Me puse tan mal que tuvieron que llevarme al médico del campamento y el dijo que si abortaba podía morir”.
Se cansaron de insistirle en el aborto, al punto que le advirtieron que si el bebé nacía lo regalaban, “porque no me podía quedar criándolo”.Las amenazas llegaron hasta plantearle un consejo de guerra, hecho que ella aceptó sin vacilaciones.Nació AngieEl embarazo, de todas formas, le significó el castigo de cultivar, sin ayuda, una hectárea de monte. Luego fue llevada a Murindó, donde tuvo a su pequeña, el 24 de julio de 1998.”Llegué a una vereda que se llamaba Guamal y me quedé en la casa de una señora que se comprometió con la guerrilla a cuidarme”. Fueron los tres meses más felices de su vida. “Angie tenía unos ojos grandes y brillantes”.
A Flor le cambió todo en octubre de 1998, cuando regresó el comandante del frente. “Me dijo, qué prefiere: un consejo de guerra o volverse para las Farc. Y quién quiere que lo maten. En el consejo de guerra, por ejemplo, lo amarran y lo ponen frente al resto de sus compañeros”, quienes votan “si le dan la pena máxima: la muerte”.
La joven dejó a su hija con la mujer y el jefe guerrillero le advirtió que no sólo la menor no quedaría en esa casa sino que buscarían a quien regalársela. “Les dije que no era un animal para dejarla por ahí tirada, pero me respondió que así eran las cosas en la guerrilla”.Flor María fue trasladada a Dabeiba y, de allí, llevada a un “curso de fuerzas especiales” en Pueblo Quemao (Murindó).
La idea, dice la joven, era sobrevivir. “Pero lloraba todos los días por mi niña”.El escape Pasaron cuatro años y Flor conoció a otro hombre y volvió a embarazarse.”Las cosas cambiaron mucho: había un médico que practicaba los abortos. Daba una droga, después metían otra por la vagina y el bebé se perdía”.Este segundo embarazo tampoco lo anunció pero, durante un entrenamiento, al atravesar un pasamanos, “me caí” y, de una, “perdí la criatura”.”Me hicieron curetajes y, a los 15 días, me mandaron a pelear en el monte… Por haber quedado embarazada me sancionaron con 100 viajes de leña”.
La trasladaron a Murrí (entre Antioquia y Chocó) y luego, otra vez, a Murindó.Flor María se cansó y planeó su escape en compañía de otros dos guerrilleros. “Llegamos a un pueblo y nos entregamos. Estábamos muertos del miedo pero pudimos hacerlo en la noche y, por fortuna, todo salió bien”, explica la mujer que fue traída a la IV Brigada, en Medellín.Hoy espera un bebé de uno de los hombres con los que se fugó. “Este hijo sí vivirá. Me enseñaron a planificar y estoy fuera de peligro. Pero sigo buscando a mi Angie”.
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