Mow be no aguantó la presión de no poder regresar a su tierra ancestral
Elizabeth Yarce
Desespero de estar con su tribu en un terreno de 20 hectáreas en Puerto Ospina (Guaviare), con problemas de salud, con hambre y sin posibilidad de un retorno seguro a la selva, llevó a Mow Be, un líder del clan Jóo pi de la etnia nukak makú, a la muerte.
Mow Be era el único que hablaba el español a la perfección y, por haberlo aprendido, su tribu, la última nómada del país, le había encomendado pedir al Gobierno que le brindara todos los medios para volver a la selva limítrofe entre Guaviare y Amazonas.
En esa zona de más de un millón de hectáreas, 200 de los 450 nukak makú que existen en el país, quieren retomar la vida que perdieron desde 2000, cuando fueron desplazados por grupos armados ilegales y narcotraficantes que empezaron a disputarse el control de la selva amazónica y para tal fin los sentenciaron a trabajar con ellos o a perderse. Ellos optaron por la segunda opción y hoy están muriéndose de hambre.
Luis Evelis Andrade, presidente de la Organización Indígena de Colombia (Onic), relató que Mow Be (conocido también como Belisario) se desplazó a Bogotá en compañía de una misión internacional de verificación para denunciar su situación. “Pidió lanchas, condiciones de seguridad, la forma de que su gente pudiera volver con dignidad”, dijo Andrade.
Pero, cuando volvió al asentamiento, tenía las manos vacías. “Así pasaron dos semanas y nada que se escucho su clamor. La tribu le reclamaba que donde estaba la ayuda y mientras tanto las autoridades no hacían nada…Nos llamaba urgentemente por teléfono para preguntar qué habíamos conseguido, se le sentía desesperado”, añadió.
El pasado lunes Mow Be comió barbasco, una planta venenosa que se utiliza en la pesca. Fue trasladado varias horas después al hospital de Villavicencio para ser atendido, pero los médicos no pudieron hacer nada y murió el martes en la madrugada, sin ver a su tribu, libre.
“Ahora nos enteramos de su muerte y la lloramos. Es el resultado de la negligencia del Gobierno en garantizar el retorno seguro de esta comunidad indígena a su hábitat natural”, sostuvo Andrade.
Lamentó que Mow Be no pudiera ver que ante la falta de garantías que ofrecía el Ejecutivo para su retorno, ayer se alistaba una comisión que buscaría esos mecanismos con la comunidad internacional.
“Hoy nos íbamos a reunir para iniciar una campaña en la búsqueda de recursos que faciliten el retorno”…
El lamento
El pasado 27 de septiembre ante una misión internacional y varios medios de comunicación, entre ellos EL COLOMBIANO, que visitó a los nukak makú para verificar el estado en el que se encontraban, Mow Be pidió ayuda.
“Le estamos pidiendo al Gobierno hace tiempo el transporte para regresar a nuestro terreno y siempre nos dicen que hay que esperar y ya llevamos tres meses esperando, ahora estamos ubicados en Puerto Ospina, es falso que hemos retornado a nuestro territorio, ninguno de nosotros ha regresado. Nuestro terreno adecuado es en Laguna Pabón es como a dos horas en canoa y un mes a pie. Queremos volver pronto porque estamos perdiendo nuestra cultura”, sostuvo mientras delegados de Francia, Estados Unidos, Bélgica, entre otros países, observaba a niños desnutridos, falta de agua potable y la pérdida de tradiciones ancestrales.
En 1988, cuando fueron contactados por primera vez, la población de nukak makú sumaba 1.300 indígenas pero ahora son menos de 450.
El Gobierno dispuso hace dos meses el traslado de la tribu de Mow Be a una reserva natural en Barrancón. Pero ese sitio no convenció a los nukak makú, acostumbrados a la libertad de la selva. Hoy los aborígenes sufren en el destierro y por la ida de Mow Be.
Mow be no aguantó la presión de no poder regresar a su tierra ancestral
Elizabeth Yarce
Desespero de estar con su tribu en un terreno de 20 hectáreas en Puerto Ospina (Guaviare), con problemas de salud, con hambre y sin posibilidad de un retorno seguro a la selva, llevó a Mow Be, un líder del clan Jóo pi de la etnia nukak makú, a la muerte.
Mow Be era el único que hablaba el español a la perfección y, por haberlo aprendido, su tribu, la última nómada del país, le había encomendado pedir al Gobierno que le brindara todos los medios para volver a la selva limítrofe entre Guaviare y Amazonas.
En esa zona de más de un millón de hectáreas, 200 de los 450 nukak makú que existen en el país, quieren retomar la vida que perdieron desde 2000, cuando fueron desplazados por grupos armados ilegales y narcotraficantes que empezaron a disputarse el control de la selva amazónica y para tal fin los sentenciaron a trabajar con ellos o a perderse. Ellos optaron por la segunda opción y hoy están muriéndose de hambre.
Luis Evelis Andrade, presidente de la Organización Indígena de Colombia (Onic), relató que Mow Be (conocido también como Belisario) se desplazó a Bogotá en compañía de una misión internacional de verificación para denunciar su situación. “Pidió lanchas, condiciones de seguridad, la forma de que su gente pudiera volver con dignidad”, dijo Andrade.
Pero, cuando volvió al asentamiento, tenía las manos vacías. “Así pasaron dos semanas y nada que se escucho su clamor. La tribu le reclamaba que donde estaba la ayuda y mientras tanto las autoridades no hacían nada…Nos llamaba urgentemente por teléfono para preguntar qué habíamos conseguido, se le sentía desesperado”, añadió.
El pasado lunes Mow Be comió barbasco, una planta venenosa que se utiliza en la pesca. Fue trasladado varias horas después al hospital de Villavicencio para ser atendido, pero los médicos no pudieron hacer nada y murió el martes en la madrugada, sin ver a su tribu, libre.
“Ahora nos enteramos de su muerte y la lloramos. Es el resultado de la negligencia del Gobierno en garantizar el retorno seguro de esta comunidad indígena a su hábitat natural”, sostuvo Andrade.
Lamentó que Mow Be no pudiera ver que ante la falta de garantías que ofrecía el Ejecutivo para su retorno, ayer se alistaba una comisión que buscaría esos mecanismos con la comunidad internacional.
“Hoy nos íbamos a reunir para iniciar una campaña en la búsqueda de recursos que faciliten el retorno”…
El lamento
El pasado 27 de septiembre ante una misión internacional y varios medios de comunicación, entre ellos EL COLOMBIANO, que visitó a los nukak makú para verificar el estado en el que se encontraban, Mow Be pidió ayuda.
“Le estamos pidiendo al Gobierno hace tiempo el transporte para regresar a nuestro terreno y siempre nos dicen que hay que esperar y ya llevamos tres meses esperando, ahora estamos ubicados en Puerto Ospina, es falso que hemos retornado a nuestro territorio, ninguno de nosotros ha regresado. Nuestro terreno adecuado es en Laguna Pabón es como a dos horas en canoa y un mes a pie. Queremos volver pronto porque estamos perdiendo nuestra cultura”, sostuvo mientras delegados de Francia, Estados Unidos, Bélgica, entre otros países, observaba a niños desnutridos, falta de agua potable y la pérdida de tradiciones ancestrales.
En 1988, cuando fueron contactados por primera vez, la población de nukak makú sumaba 1.300 indígenas pero ahora son menos de 450.
El Gobierno dispuso hace dos meses el traslado de la tribu de Mow Be a una reserva natural en Barrancón. Pero ese sitio no convenció a los nukak makú, acostumbrados a la libertad de la selva. Hoy los aborígenes sufren en el destierro y por la ida de Mow Be.


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