Archivos mensuales: Octubre 2006

Colombiano fue esclavizado en Sevilla (España)
Orlando*, de 22 años, viajó a España en 2001 cuando un amigo le dijo que allí encontraría una buena oportunidad laboral. Pero terminó en manos de un esclavista español que lo obligó a enterrar cabras. “Entré legalmente en España para trabajar en Barcelona en una compañía que arregla apartamentos.
Un día un amigo me propuso trabajar en una finca en Sevilla, donde ganaría más dinero”, comienza el hombre su relato. Hasta ahí todo parecía perfecto. “Empecé a trabajar cuidando cabras y en condiciones infrahumanas.
La comida era mala, trabajaba más de 20 horas diarias y no me pagaban sueldo. Me dijeron que me iban a contratar laboralmente, que tuviera paciencia, pero nunca lo hicieron y tampoco me pagaron. Cuando protesté, mi jefe me dio una golpiza”, explicó.
“Estaban teniendo problemas con los animales y desde ese momento mi tarea fue enterrar cabras. Empecé a sentir fiebre alta y escalofríos se incrementaron. Le comuniqué a mi jefe para que me llevara al hospital o a un médico, pero me llevó a una estación del tren y me abandonó”.
Unas personas lo encontraron tirado en la calle y le dieron dinero para que fuera a la Cruz Roja donde fue hospitalizado. “Después de varios exámenes me detectaron Brucelosis, la enfermedad de la cual morían las cabras que enterraba. El jefe nunca me pagó y desapareció. Regresé al país y soy el único hombre en Colombia certificado por el ICA de tener una enfermedad que solo la padecen los animales”.
*Nombre cambiado por petición de la fuente.

Denunciar rompe cadenas

Tercer informe de la serie sobre las modernas formas de esclavitud.

Directora del Programa de Trata de Personas de OIM alerta sobre el hecho.

Falsas agencias engañan a los incautos para enviar esclavos al exterior.

Si le ofrecen matrimonio y vida nueva en otro país, le prometen ganar más dinero de forma rápida y segura o una visa que no se la dan en la embajada. Si le pagan incluso los tiquetes aéreos con tal de que usted “tenga la oportunidad de sus sueños” en el exterior, piénselo dos veces antes de darle un centavo a una agencia de viajes que le pinte ese paraíso.Así trabajan los traficantes de migrantes y quienes incurren en el delito de trata de personas. Por caer en esa trampa dos mujeres colombianas murieron atravesando el desierto del Sinaí (en la frontera entre Israel y Egipto) mientras que seis más sobrevivieron y pudieron volver al país luego de que sus familias pagaran millonarios rescates.Esa es la primera recomendación que hace Monika Peruffo, una italiana que desde hace ocho años coordina en Colombia el Programa de Prevención, Asistencia y Reintegración a las víctimas de Trata de Personas de la Organización Internacional de Migraciones (OIM).Peruffo, después de recorrer Filipinas, Nigeria, Albania, Tailandia y otros países con altos índices de esclavitud a través de la trata de personas y el tráfico de migrantes, señaló que el caso colombiano es de los más graves que ha visto por una razón: la gente no denuncia lo que está pasando por temor a represalias o por simple desconocimiento.”Deben saber que hay una oficina de atención a las víctimas y que si no se denuncia lo que está ocurriendo seguirán multiplicándose las redes de esclavistas que someten a las personas a condiciones tan, pero tan aberrantes, que tienen que ser capturados para que nadie más padezca esos males”, indicó.Agrega que alguna gente cae en esas redes muchas veces por ingenuidad. Pero la mayoría, por el desespero de no encontrar un trabajo digno en su propio país. “La miseria ha llevado a muchos colombianos a terminar como víctimas de trata de personas”.
¿Cómo trabajan esas agencias de viajes fachadas?
“Hay unas agencias que dicen dar asesorías sobre migración y prometen tramitar visas y de forma muy descarada hacen esas ofertas por las calles. Uno se va por la avenida Jiménez (Bogotá) y le entregan un papelito ofreciendo esa posibilidad. Hemos encontrado que prometen hasta asilo y refugio cuando la realidad es que eso sólo lo concede un gobierno en situaciones de emergencia”.
¿No se castiga a estas agencias?
“El DAS, Interpol, la Policía, todos se unieron para desmantelarlas. Pero sin una denuncia no pueden actuar y ese silencio está condenando por ejemplo a muchas mujeres a prostituirse contra su voluntad en otros países, a ser esclavas sexuales. La gente teme denunciar aún sabiendo que estas agencias le chupan la plata pero de todas maneras las ven como un canal para irse del país. La gana de irse es tan fuerte que ayudan a que se fortalezcan estas mafias”.
¿Qué puede sufrir una persona en manos de esas mafias?
“Los traficantes de migrantes explotarán hasta de por vida a los incautos que caen en sus engaños. Otra cosa es la trata de personas que significa que pese a tener todos sus papeles en regla una persona llega a un país y es privada de su libertad y explotada laboral o sexualmente en cualquier tipo de trabajo (nota anexa). Las personas traficadas no necesariamente son explotadas pero al encontrarse en el otro país se dan cuenta de que el sueño que le pintaron era una farsa”.
¿Cuántas víctimas llegan a la semana a la oficina de la OIM a denunciar su caso?
“Nosotros somos una agencia de emergencia y creamos una línea nacional gratuita para que la gente denuncie y son muchas pero sabemos que ni el 50 por ciento de los casos que ocurren en este país son denunciados. Todos los casos son dramáticos y duele ver muchachas que van a prostituirse y sufrir todo tipo de violaciones. Algunas quedan tan afectadas que nosotros les empezamos a hacer un tratamiento sicológico pero ellas lo abandonan. Después nos damos cuenta que a los tres meses y a pesar de lo que sufrieron vuelven al extranjero a las mismas. Esto duele mucho. Por mi oficina pasó una señora que viajó de la vereda a la capital a ser esclava en una casa donde luego la tiraron por las escaleras y terminó con su columna vertebral rota en un hospital aquí en Colombia. También hombres que se fueron a un país fronterizo a trabajar en agricultura y después lo mantuvieron encerrados sin paga”.
¿Por qué Colombia tiene el tercer puesto en trata de personas en América?
“La falta de esperanza es tal que muchos creen que la primera oferta de irse del país es mucho mejor que quedarse aquí. Se está denunciando mínimo y a pesar de ver lo que sufren los demás muchos quieren correr ese riesgo”.
De Risaralda, mayoría de víctimas
El director del DAS, Andrés Peñate Giraldo explicó que de acuerdo con las investigaciones de la entidad que se unió con Interpol para combatir a los traficantes de migrantes y tratantes de personas, el 27,2 por ciento de las víctimas son de Risaralda; el 24,8 por ciento de Valle; el 23,2 por ciento, de Caldas; el 8,2 por ciento de Cundinamarca; el 6,6 por ciento, de Quindío y el 4,9 por ciento de Antioquia.”Recomiendo a los ciudadanos informarse adecuadamente sobre propuestas de excelentes trabajos en el exterior donde se ofrecen sueldo altos, facilidades de desplazamiento y consecución de documentos”, indicó Peñate Giraldo.Recordó que quien traslade, acoja o reciba a una persona dentro del país o hacia el exterior con fine de explotación incurrirá en prisión de 13 a 23 años y una multa de 800 a 1.500 salarios mínimos legales mensuales vigentes.

El regreso trágico a las esclavitudes históricas
PorÒscar Collazos

Escritor y columnista

Si la esclavitud es el sometimiento humillante a una situación que un ser humano o una sociedad no han elegido, habría que empezar diciendo que, en nuestra época, a las esclavitudes tradicionales les han salido nuevas y sutiles servidumbres. Si se excluyen las esclavitudes del trabajo ejecutado en función de la estricta necesidad de supervivencia, o la búsqueda de ésta recortando el espacio de la dignidad individual -noción del trabajo realizado en condiciones inferiores a las señaladas por las normas legales y los más elementales parámetros de justicia-, nos encontraríamos con la esclavitud de una sociedad que impone un incesante ritmo competitivo. De esa selva neodarwinista surgen las nociones del éxito, la fortuna y la fama, artificios desprovistos de normas éticas. No hay peor estigmatización que la del “fracaso.” El “perdedor” de nuestro tiempo es como un expulsado de la sociedad, un “apestado” sin futuro. A estas servidumbres o esclavitudes se han sumado los estándares de “belleza” y la tiranía de la “juventud”, superficies que son permanentemente impuestas desde los medios de comunicación de masas. Por lo banales, las “normas” que rigen esas nociones no son menos devastadoras. En el fantástico escenario de las tecnologías de la comunicación asoman las servidumbres de nuestra época. Rezagadas del tiempo, casi 3/4 de la humanidad viven la peor de las esclavitudes: la miseria, el hambre, las enfermedades, una especie de regreso trágico a las esclavitudes históricas.