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No es hora de callar

Posted in conflicto by Elizabeth Yarce on 24 mayo, 2013

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Los anónimos

Posted in conflicto by Elizabeth Yarce on 13 septiembre, 2010

Lo que ocurrió con la revista Cambio es poco, comparado con lo que le está pasando hoy a centenares de colegas en las regiones que por cumplir con el deber ser de esta profesión, el de decir la verdad y servirle a la sociedad, están muertos, amenazados, desplazados, refugiados, intimidados.

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Hoy les hablo como periodista, reportera, cargaladrillos que llaman. A eso me he dedicado los últimos 15 años, la mayoría de ellos acá en Medellín cubriendo el tema de conflicto armado, violencia, derechos humanos…

Cuando me formularon la pregunta de cómo ser independiente no sabía por dónde arrancar teniendo en cuenta el montón de aristas que puede tener este tema. Obviamente, me vino a la mente el profundo dolor que sentimos los periodistas de la revista Cambio cuando cerraron la revista el pasado 3 de febrero. Esa es una muestra clara de lo difícil que es apostarle a la independencia crítica.

Recordé a Tomás Eloy Martínez y una de sus frases: El sentido ético y la vocación de informar lealmente al público resultan incompatibles con las ideas autoritarias de algunos medios, cuyo único norte parece ser la adulación del gobierno de turno y el mantenimiento del statu quo”. Hoy sigo pensando que eso fue lo que pasó y por eso la cerraron.

Pero es solo uno de los casos de lo difícil que es mantener la independencia periodística. Lo que ocurrió con la revista Cambio es poco, comparado con lo que le está pasando hoy a centenares de colegas en las regiones que por cumplir con el deber ser de esta profesión, el de decir la verdad y servirle a la sociedad, están muertos, amenazados, desplazados, refugiados, intimidados. Silenciados.

Por eso informar con miedo no contribuye en nada a la independencia periodística y tristemente es la situación más recurrente en Colombia. Lo peor es que como son periodistas poco reconocidos, que están en zonas apartadas, poco se habla de ellos.

De acuerdo con la Federación Colombiana de Periodistas, Fecolper, 139 agresiones contra reporteros se han registrado desde enero hasta finales de agosto de este año. Eduardo Márquez representante de la agremiación revela además unas cifras preocupantes: “Al revisar quiénes eran los agresores de periodistas, encontramos, con sorpresa, que el propio Estado -encargado de garantizar la vida y honra de los ciudadanos- con cerca de un 40% de los ataques, le gana con creces a los grupos armados ilegales y a la delincuencia común”.

Según Márquez, “esto lo hace a través de funcionarios civiles como alcaldes, concejales, diputados o directivos de institutos descentralizados, incómodos con las denuncias de corrupción o con posturas críticas frente a sus actuaciones; lo hace a través de miembros de la fuerza pública que quiere ocultar sus desmanes tanto en la guerra como durante disturbios urbanos, o lo más grave, su apoyo a grupos armados ilegales”.

El último caso conocido es el del periodista Luis Cervantes, corresponsal de Teleantiaquia, en el municipio de Tarazá, en el bajo Cauca Antioqueño. Hoy hace 12 días, recibió el ultimatum de 72 horas para irse de Tarazá.

El caso lo hemos conocido gracias a la solidaridad que se despertó en twitter luego de que el colega Víctor Solano iniciara una serie de tweets pidiendo que se protegiera la vida del comunicador. Sin embargo, pese a que hubo una gran movilización ciudadana en la red social  y luego un editorial en El Espectador, las intimidaciones continuaron y esta vez no solo amenazaron a Luis si no a su compañero de trabajo.

De acuerdo con la Asociación de Periodistas de Antioquia, APA, el 21 de abril de este año, Luis Cervantes fue agredido física y verbalmente por el patrullero Alexander Garzón. Lo llamó “sapo” en las instalaciones del comando de Policía de Tarazá, a donde Cervantes se había dirigido tras conocer la captura de un sargento de la institución, con munición de guerra para grupos armados ilegales. El corresponsal reportó la agresión al superior de Garzón, y días después el patrullero fue procesado disciplinariamente por la Institución.

Luego de este suceso, Cervantes reportó dificultades para acceder a las fuentes de Policía y Ejército en la región. Dice APA que después vinieron las visitas de desconocidos a su casa: “según el testimonio del corresponsal decían ir de parte del comandante del distrito especial de la Policía para el bajo Cauca y que le pidieron denunciar a los grupos ilegales. El oficial fue consultado y aseguró no haber ordenado esas visitas”.

A Cervantes le llegaban mensajes de texto: “Te vamos a matar por sapo”. Lo peor es que las amenazas también llegan a los celulares de su esposa, el camarógrafo y compañero de trabajo Yarley Julio y al jefe de corresponsales de Teleantioquia, Víctor Sánchez.

Casos como el de Cervantes se repiten en varias regiones del país donde no hay ninguna garantía ni protección por parte de las autoridades, pese a ser zonas delicadas de orden público.

Me preocupa es que haya tanto silencio de la sociedad en torno a estos temas teniendo en cuenta que esto repercute en la calidad de la información que recibe. Me preocupa que, como les decía, son periodistas que están en zonas apartadas y que muchos no se arriesgan a dejarlo todo y huir porque no tienen cómo.

Por ejemplo Cervantes, a quien no conozco personalmente, le pagan por nota publicada. Es decir, si en la agenda noticiosa su nota no clasifica ese día no hay pago.

Igual le ocurre a muchos colegas, sobre todo en la Costa Atlántica y no me imagino la situación suya diaria pensando en cómo sostener a su familia, pensando en que algún momento se haga efectiva una amenaza, aunque ya las autoridades departamentales le hayan proporcionado un esquema de protección. Por eso quise centrar mi reflexión en el tema de los periodistas regionales porque es allí donde es más difícil informar la verdad y mantenerse con vida.

No me explico cómo hace este periodista para seguir en Tarazá. Yo hace rato, lo confieso, hubiera salido corriendo. Estamos hablando de una zona en la que según distintas investigaciones se vivió con fuerza el rearme paramilitar tras la desmovilización. Es una región considerada como uno de los fortines del narcotráfico y donde se ha registrado uno de los mayores índices de violencia en Antioquia.

Porque si bien es cierto en las grandes ciudades no hay tampoco garantías para ejercer esta profesión con independencia, no me imagino como será allá.

Recuerdo cuando trabajaba hace cuatro años en la Unidad de Paz y Derechos Humanos de El Colombiano lo difícil que era estar tranquila cubriendo las versiones libres en el Palacio de Justicia. Hombres nos seguían a los reporteros dentro del edificio y nos sentíamos intimidados cuando íbamos a hablar con las víctimas. Incluso uno de ellos que actuaba como jefe de prensa del desmovilizado Bloque Central Bolívar, dijo en los micrófonos de algunos colegas de televisión que había periodistas enemigos del proceso y entre esos me mencionó a mí.

Así ocurría con varios de mis colegas y confieso que sentíamos miedo… Sin embargo, teníamos más posibilidades de protegernos o de trasladarnos si hubiese sido necesario. Pero la precariedad laboral en la que viven muchos colegas como Cervantes les impide hacerlo.

Noticias bajo llave

Este tipo de intimidación no es la única forma en la que se está vulnerando la independencia periodística. Para no ir muy lejos otros colegas no tienen donde trabajar porque por denunciar irregularidades en sus municipios, las emisoras, periódicos o canales de televisión fueron cerrados porque lastimosamente sus espacios periodísticos dependían de la pauta publicitaria de entidades públicas. Esta situación se produce en un contexto de desregularización laboral creciente.

“Nos convirtieron en vendedores de publicidad y por lo tanto, en frecuente objeto del chantaje gubernamental con la pauta”, le dijeron varios colegas a Fecolper. Otros, en cambio, sienten que son silenciados desde las propias jefaturas de redacción y por eso, más bien, prefieren autocensurarse.

Esto ocurre en los medios locales, regionales y nacionales donde para poder trabajar tranquilos, los periodistas guardan silencio, no cuestionan, tienen muchas denuncias represadas en sus escritorios o simplemente ni se atreven a tocar “ciertos temas” porque sencillamente saben que no se los van a publicar a menos que quieran arriesgar sus empleos.

Creo que más de uno se sentirá aludido con lo que les estoy diciendo pero es que en vez de tener más medios, más espacios para la reflexión, más análisis, estamos observando con tristeza que no se necesita estar amenazado como Cervantes para estar silenciado dentro de un medio.

Un colega me comentaba cómo en su redacción le han obligado a publicar artículos que más bien parecen comunicados de prensa de Palacio puesto que no lo dejaron poner lo que decía la contraparte. Él, atendiendo a sus principios, decidió no ponerle su firma. Por no hacerlo sufrió un fuerte regaño, con copia a la hoja de vida y con cambio de puesto.

Mientras que otros periodistas advierten que en sus redacciones el tema diario es que “necesitan noticias vendedoras”, las cuales evalúan sus jefes de acuerdo a cuántos seguidores tengan en la web. Esto los tiene contra la pared porque pasaron a segundo plano temas de interés ciudadano, político y ni que hablar de noticias de derechos humanos, pobreza, marginalidad.

“El editor fue muy claro con nosotros: la pobreza, las negritudes, los indígenas, no son vendedores en las portadas”, relata otro periodista. En este sentido, tal como lo expuso Felipe Restrepo Pombo, en su columna “Los miserables”, publicada en el espectador: “NUESTROS MEDIOS ESTÁN plagados de políticos, hombres poderosos, mujeres voluptuosas y futbolistas. Pocas veces vemos caras diferentes. Como me dijo alguna vez un periodista experimentado: la única opción que tienen los otros —es decir: la gente común y corriente— de ser noticia, es la catástrofe. Sin desastre, la mayoría de la población, me dijo, no existe. Cuando la tragedia golpea a su puerta, por lo general viene acompañada de cámaras y micrófonos. Y, sobre todo, si su desgracia vende bien”.

Para completar el panorama sobre lo difícil que es mantener la independencia periodística en Colombia, no nos vayamos muy lejos y miremos qué está pasando con los columnistas que ahora tienen que defender sus opiniones en los estrados judiciales.

El caso más reciente es el de Salud Hernández, a quien el Presidente (e) de la Corte Suprema de Justicia, Jaime Arrubla, la demandó ante la Fiscalía por injuria y calumnia, sin ningún fundamento jurídico, abriendo otro capítulo de acoso judicial que también han padecido Alfredo Molano, Daniel Coronel y Rodrigo Pardo.

Ahora bien, cómo ser independiente en este panorama que les describo es muy difícil.  Puede que  la existencia de medios como la Silla Vacía, el portal Verdad Abierta en Semana y la cantidad de manifestaciones de periodismo ciudadano pueden ser una opción. Mientras que la existencia de las redes sociales también pueden ser una alternativa para que haya más noticias y más opiniones. Esto si no llegan los enemigos de la independencia periodística a amenazar a los tuiteros.

La falta de independencia nos afecta a todos y es hora de que la sociedad se pellizque. Aunque como dijo el columnista Ramón Muñoz, en El País de Madrid, “El periodismo es una profesión de riesgo. El mayor de ellos es el de morirse de hambre. Suele el común general idealizar al periodista como una especie de Superman quijotesco de las libertades, siempre dispuesto a desfacer entuertos, defender al menesteroso frente al potentado, y sacar brillo a la verdad con las teclas de su portátil. Y desconoce que la principal preocupación del periodista moderno es llegar a fin de mes”.

(Intervención durante panel sobre Independencia periodística, durante los foros del Bicentenario en la Fiesta del Libro, en Medellín)

NOTICIA RELACIONADA: Matar un periodista sale barato

El cierre de CAMBIO desde adentro

Posted in ataques a la prensa, colombia, conflicto by Elizabeth Yarce on 21 febrero, 2010

Después del cierre del impreso,  los periodistas no pudieron  publicar en la página web, que aun está activa, comunicados o mensajes de apoyo de las distintas organizaciones de periodistas o en pro de la libertad de prensa.

El anuncio

El miércoles 3 de febrero a las 5:30 de la tarde, cuando estaba aún el horno la última edición de CAMBIO, la 865, Guillermo Villaveces Ronderos, vicepresidente ejecutivo de Casa Editorial EL TIEMPO, reunió el personal de la revista para anunciarle que, por razones económicas, la publicación no iba más. Añadió que más adelante la reemplazaría una revista mensual, en la que se le daría prioridad a temas suaves como los viajes y la salud. En la reunión estaba también Paulina Bayona, encargada del clima laboral en El TIEMPO quien agregó que para “cumplirle a los anunciantes”, no a los lectores,  habría que hacer tres revistas más, es decir, CAMBIO moría  la primera semana de marzo y seria enterrada en el más indigno de los funerales.

De esta decisión fueron enterados tres horas antes María Elvira Samper, la editora general, y Rodrigo Pardo, el director, quienes no pudieron ocultar su indignación de que se cerrara la revista justo cuando estaba en uno de sus mejores momentos periodísticos en la investigación y la denuncia que por 16 años eran el sello característico de la publicación. Justo cuando en vez de pérdidas, CAMBIO había dado ganancias el año anterior –cosa que no ocurrió con otras publicaciones de la Casa Editorial-. Y justo cuando se analizaba desde el año anterior, darle mucha más fuerza al análisis político y a la denuncia y en eso trabajaba incansablemente Rodrigo Pardo quien ya tenía en su escritorio el machote de lo que sería la nueva publicación.

En ese momento quedó claro que CAMBIO desaparecía para siempre y que el anuncio de la tal publicación mensual era un mensaje para que los lectores no corrieran en manada a cancelar sus suscripciones porque a estas alturas no se ha diseñado el nuevo producto…Ese fue el más inmoral de los eufemismos que pudieron usar.

A la revista la estaban censurando, la estaban cerrando porque era incómoda para la Casa Editorial, para el Gobierno, para Planeta. A María Elvira y Rodrigo Pardo querían ponerlos cuanto antes de patitas en la calle y al resto nos esperaba la misma suerte. Ese día entendí que solo les serviríamos para terminar las famosas tres ediciones que restaban y que venderían por montones con este escándalo.

Después de tal anuncio, veía a la fuerte María Elvira con los ojos encharcados y a Rodrigo Pardo con la rabia contenida. Miraba a cada uno de mis compañeros, la mayoría hombres, con el ego golpeado, con las lágrimas asomadas. Pero por encima de todo veía a un equipo digno.

Ahí estaban periodistas como José Manuel Reverón – quien destapó el último gran escándalo político del gobierno Uribe: Agro Ingreso Seguro- pensando en qué temas hacíamos para estas tres últimas revistas, porque si nos callaban teníamos que salir por la puerta grande. Miraba a sabuesos experimentados como Jorge González – con más de 30 años de carrera periodística y quien valientemente había destapado la instalación de las bases militares estadounidenses en territorio colombiano-, haciendo llamadas y consiguiendo noticias que harían temblar a más de uno. Observaba a Harold Abueta -quien no dudó en denunciar detalles de una investigación adelantada por las autoridades colombianas y extranjeras sobre los presuntos nexos del ex director de Fiscalía de Medellín, Guillermo León Valencia Cossio, hoy detenido y procesado por la Corte Suprema, con la red criminal del narcotraficante Daniel Rendón (‘don Mario’)-, animando al equipo.

Repasé a cada uno de mis compañeros y caí en cuenta de que no solo fueron estas denuncias las que pusieron el dedo en la llaga para que quisieran cerrar la revista. También las valientes columnas de María Elvira y Rodrigo, las constantes denuncias sobre falsos positivos, nexos de militares y paramilitares, los cuestionamientos al asesor presidencial José Obdulio Gaviria, para citar casos recientes. Me quedó claro que  en toda la historia de esta revista más de un corrupto y violador de derechos humanos fue desenmascarado y ahí estuvieron periodistas valientes para cumplir esa labor, la verdadera razón de ser del periodismo.

Ese día negro, teníamos el corazón arrugado, pero también sentíamos que teníamos que ser dignos y cumplir con las tres revistas que faltaban, pero no escribiendo de viajes o entretenimiento como se lo soñaba el señor Villaveces. En ese momento éramos una familia y como tal la mamá, María Elvira, tomó la vocería y dijo que teníamos que salir con la frente en alto, y metiéndole todo a varias investigaciones en las que trabajábamos.

Todos estuvimos de acuerdo. Confieso que estábamos desgastados, sin ganas de  hacer nada. Pero también teníamos una espinita por dentro que nos decía “vamos con todo” y despidámonos como debe ser, no merecemos un funeral de tercera.

Todo esto ocurría mientras  Natalia Herrera y Sergio Camacho, dos jóvenes practicantes,  quienes estaban ilusionados y orgullosos de trabajar en una revista “de investigación y denuncia” se preguntaban ¿Entonces para qué estudiamos periodismo? Sentía tristeza de que tuvieran que empezar sus carreras con este duro golpe de realidad.

El 3 de febrero en el programa La Luciérnaga anunciaban incrédulos el fin de CAMBIO. Después un escueto  comunicado de la Casa Editorial El Tiempo, cuyo accionista mayoritario es el grupo español Planeta, sentenciaba que sería una publicación mensual.

Redacción de la Revista CAMBIO, 9 de febrero, Día del Periodista

“El periodismo de investigación colombiano recibió un duro golpe esta semana. La Casa Editorial El Tiempo decidió cerrar  la revista semanal Cambio, reconocida publicación que desde 1993 enfoca su trabajo en la investigación de casos de corrupción y asuntos sensibles para la vida nacional”.

El jueves 4 de febrero, Caracol, Rcn, W radio, la Fm, todos estaban pendientes del asunto… Hubo solidaridad desde todos los rincones y pese a lo duro del golpe, María Elvira y Rodrigo hablaron largo y tendido en los medios de comunicación. No dudaron en afirmar que fueron censurados, no agacharon la cabeza y con nombres propios señalaron a los responsables del cierre.

En la redacción de CAMBIO el teléfono no paraba de sonar y los bandejas de correo electrónico estaban llenas de mensajes de apoyo de organizaciones de periodistas, de colegas, gente del común, de gran cantidad de personas indignadas por el cierre de la revista. Los periodistas estábamos achantados porque por primera vez un jueves no provocaba hacer consejo de redacción para planear la edición siguiente.  Pero había que hacerla.

Una carta de 60 compañeros de El Tiempo en la que nos manifestaban su apoyo nos alegró el día, mientras que en todos los demás medios de comunicación, columnistas y periodistas reclamaban por el abrupto cierre de CAMBIO. Pero tanto apoyo parecía no servir de nada.

Nosotros teníamos en nuestras manos la edición 865 y nos sentíamos orgullosos de lo que veníamos haciendo y queríamos hacer muchas más. Lástima que esto no lo entendieran los directivos de Grupo Planeta, accionistas mayoritarios de la Casa Editorial El Tiempo. Así lo hizo saber Luis Fernando Santos en entrevista en El Tiempo.

El fin de semana los columnistas y algunos periodistas de Colombia  dedicaron sus espacios para rechazar el cierre de la revista y en varias entrevistas, María Elvira y Rodrigo fueron incisivos:

Me he estado preguntando hasta dónde el tipo de periodismo que practicábamos en Cambio, es decir, un periodismo investigativo, de denuncia, independiente, profundo, cabe en una casa editorial como El Tiempo, o en otros grupos que tengan una relación de dependencia con el poder político. Esto limita las posibilidades de existencia de una publicación como Cambio, porque mientras los propietarios necesitan cercanía con el Gobierno, el buen periodismo necesita independencia y distancia. La revista pisaba muchos callos, semana tras semana, que causaban molestias en personas del Ejecutivo”, dijo Pardo a El Espectador.

No puedo dejar de preguntarme cómo El Tiempo, que ha sido un medio de gran tradición liberal, asume el costo que pagará por este deterioro de imagen y credibilidad. Tanto el abuelo de Rodrigo, Roberto García-Peña que fue director del  periódico, como mi abuelo, Luis Eduardo Nieto Caballero, pusieron el pecho al igual que el doctor Eduardo Santos cuando el periódico fue clausurado y sus instalaciones incendiadas; en su sala de redacción se luchó contra la dictadura, se resistió en medio de los años más aciagos de la violencia y se defendió el pensamiento libre. ¿Este grupo es el mismo que cierra una revista que ha hecho su trabajo con transparencia y con una agenda exclusiva nacida de la convicción de que hay necesidad de fiscalizar cada vez más el poder? ¿Es en las manos de esta casa liberal donde se le decreta la muerte a un medio independiente?”, agregó Samper.

El domingo 7 de febrero no había dudas de que a CAMBIO la silenciaron y que como lo advirtió Héctor Abad Faciolince en su columna de El EspectadorEl grupo editorial El Tiempo, aquel medio liberal que fue cerrado por la dictadura de Rojas Pinilla, se ha ido volviendo poco a poco como un leopardo: lleno de manchas negras. El cierre de Cambio y el despido de dos grandes periodistas independientes, son tres manchas más que le salen al cuerpo del felino. Son tantas ya, que quizá la gente no le note una mancha más al leopardo. Pero al paso que van la mutación hacia la falange será completa y se volverán pantera negra. Una pantera negra como una sotana para defender los viejos valores de la tradición, la familia y el presidente vitalicio. Los mismos valores que fueron defendidos durante 40 años de franquismo en España. Así son los negocios de una gran familia incrustada en el Estado”.

La doble echada

El lunes 7 de febrero, a las 11:00 de la mañana, se planeó la primera de las tres últimas revistas de CAMBIO. El vicepresidente de la Casa Editorial le había pedido a Pardo y Samper que se quedaran en la empresa hasta el 28 de febrero para poder cumplir con ese propósito. Al resto de periodistas, nos avisarían en el transcurso de esos días la situación laboral.

Todos estábamos listos para hacer una gran edición. Hasta las ventas de la revista que tanto le preocupaban al señor Villaveces creo que se habían triplicado. Como era de esperarse, planeábamos contar qué pasó con CAMBIO, entre otras investigaciones.

Contactamos a varios columnistas, entre ellos el maestro Javier Darío Restrepo, para que escribiera sobre el futuro del periodismo y lo que significaban casos como el de la revista. De igual forma, esperábamos que María Elvira y Rodrigo pudieran expresarse libremente, como siempre lo han hecho, en sus columnas.

La parte fría de la revista (cultura, salud, deportes, entretenimiento, entre otros) ya estaba lista. Ellos tenían también gran empeño en sacar una edición impecable. Y  los de caliente, como nos llaman al resto, estábamos en la calle buscando historias.

A las 2:00 de la tarde, justo cuando estaba haciendo una entrevista,  sonó el teléfono. “No sigas haciendo nada más que no hay más CAMBIO”. Regresé de inmediato a la oficina y solo se sentía tristeza, ira e indignación. No dejaron hacer más revistas y a Rodrigo y a María Elvira les dijeron que hasta ese día podían permanecer en las instalaciones. ¿Por qué? En este momento no sé, esa explicación de las tres revistas pendientes no la ha dado la Casa Editorial El Tiempo.

Se me vinieron a la cabeza todas las imágenes de esa semana y no pude contener las lágrimas. Me preguntaba ¿si hacen esto con dos personas como el director y la editora general, qué no pueden hacer con nosotros? Veía a los dos tristes, muy tristes, mientras empacaban en cajas de  cartón lo poco  que tenían en la oficina. A María Elvira la miraba empacando 16 años de esfuerzo por mantener viva su revista !que ya no era suya!, y a Rodrigo, callado y discreto como siempre, enterrando casi tres años de esfuerzo por mantener vivo el periodismo independiente en esta publicación…

Fue una de las tardes más grises que he tenido y de inmediato llamamos a los demás medios de comunicación y organizaciones de libertad de prensa para denunciar lo sucedido. “Somos los únicos a los que echan dos veces”, decía María Elvira y lo peor, se lo añado, los echaron como unos perros.

Sin embargo, después de las 5:00 de la tarde, cuando iban a abandonar las instalaciones, toda la redacción de CAMBIO, El Tiempo, las demás revistas, City Tv, todos formaron una calle de honor para despedir entre llantos y aplausos a dos grandes.  Fueron 5 ó 10 minutos de aplausos sostenidos.

Todos esos periodistas de una forma u otra sentían que despedían la posibilidad de tener esa independencia periodística que tenía CAMBIO. En el fondo había temor y creían que para publicar sus investigaciones y artículos lo pensarán dos veces, se autocensurarán de una forma u otra, porque como decía uno de ellos ” si eso le pasó a CAMBIO y a sus jefes qué esperanza para el resto”.

(Nota: Un fotógrafo de la CEET tomó fotografías de esa calle de honor y emotiva despedida, pero hasta el momento no han sido publicadas. Le pedí a los encargados si era posible una de esas fotografías para poner en la web de CAMBIO y me dijeron que estaban embargadas hasta nueva orden).

¿Autocensura?

Al día siguiente, 9 de febrero, Día del periodista,  había pocas ganas de escribir, de comer, de todo.  Había poco que celebrar. No eran solo los despidos que se venían. Era el mensaje que se estaba enviando desde El Tiempo de que denunciar y decir la verdad en un país como Colombia, no vende, y peor, por eso no le pagan a uno. Y más grave aún, que eso se censura.

Pero por fortuna, la noticia le dio la vuelta al mundo y el caso CAMBIO fue presentado en la CNN, la BBC, en cada medio de comunicación del continente, como una grave censura.  En la noche durante la ceremonia de entrega de los Premios de Periodismo CPB, hubo demasiada solidaridad, al punto que Yamit Amat, quien ganó el premio “a toda una vida”,  dedicó su premio a la revista.  Toda la ceremonia fue una voz de rechazo al cierre de CAMBIO.

Esa semana decenas de organizaciones enviaron comunicados de rechazo al cierre de CAMBIO y lo más paradójico de todo es que esos mensajes no pudieron ser publicados siquiera en la web de la revista, lo único que sobrevive hasta ahora de la publicación.

Así ocurrió el 10 de febrero cuando la Federación Internacional de Periodistas envió un comunicado en el que pedía al Grupo Planeta aclarar lo ocurrido.  Como ese había decenas. Sin embargo, la web también fue cerrada a los periodistas para expresar este tipo de hechos. “Lo siento, pero no podemos publicar eso en la web”, dijo la encargada de la página Renata Rincón. Su argumento es que su jefe  Diego Santos y el subdirector de El Tiempo, Andrés Mompotes, no lo permitían.

Era un comunicado sencillo, que resumía la posición de  cientos de organizaciones sobre el tema CAMBIO.  Por eso quedé indignada. Sentí que ya no podían tapar la censura.  Era la web que hasta hace tres semanas no había tenido reparos para publicar informaciones más graves y delicadas como el informe de Human Right Watch sobre los paramilitares. Erauna web que ahora se autocensuraba y que estaba atenta a recibir otro tipo de noticias, más positivas supongo.

Óscar Montes, El jefe de redacción que quedó al frente tras la salida de Rodrigo Pardo y Maria Elvira Samper, pidió que publicaran dicho comunicado, pero la respuesta fue que “ahora quien autorizaba ese tipo de publicaciones era  el señor Diego A Santos, el de El Tiempo”.

Era claro. CAMBIO, la revista que conocimos, murió.  ¿Por qué?  Lo resume Antonio Caballero en su columna de Semana: “fue  valiente, informada e inteligente. Y, en consecuencia, incómoda para el poder”.

Los días que vinieron fueron peores.  Sin Rodrigo y María Elvira, el resto de la redacción tenía que ir a la oficina a cumplir con su horario de trabajo, pero con poco por hacer porque ya no había revista. Los días eran larguísimos y las directivas no daban razón sobre qué pasaría con nosotros… Tal era el desorden que fuimos citados a una reunión en la que definían el futuro de las revistas en la Casa Editorial El Tiempo. “Queremos que estén tranquilos”, decía el señor Villaveces. Pero el mensaje no era para nosotros, puesto que descubrimos después que nos invitaron por equivocación a dicha reunión.

Al final, el martes 16 de febrero, 16 de los 25 empleados que conformaban el equipo de trabajo de CAMBIO, entre periodistas y personal administrativo, fuimos despedidos. Ese día, se veía venir, y no hubo lágrimas. Todos sabíamos que cerraron CAMBIO porque estaba haciendo bien la tarea.

Tomás Eloy Martínez dijo a alguien del Malpensante que un rasgo indeleble de los verdaderos periodistas es que alguna vez los hubieran despedido, pero no por incompetentes o por su desidia… “Lo que intentaba decir es que a veces la independencia crítica, el sentido ético y la vocación de informar lealmente al público resultan incompatibles con las ideas autoritarias de algunos medios, cuyo único norte parece ser la adulación del gobierno de turno y el mantenimientodel statu quo”. En esas circunstancias, decía Tomás Eloy,  “el despido, más que una ignominia, es un orgullo: literalmente, una medalla”.

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Informe Semana

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Entrevista Cecilia Orozco

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José Obdulio Gaviria

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Y siguen más…

Nota: Gracias a  cada uno de los compañeros de CAMBIO por esta bella experiencia… A Dominique, Rodrigo, Maria Elvira, Harold, Jorge, José Manuel, Carlitos (todos), el profe, Oscar, Mauricio, Edgar, Ricardo,Gerardo y a los niños practicantes…
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Las predicciones de Jaime Garzón

Posted in conflicto by Elizabeth Yarce on 23 julio, 2009

Este discurso no fue hace dos semanas. Fue hace 11 años cuando Jaime Garzón, con su divertido “godofredo cínico caspa” mostraba un país para nada distinto al que estamos viviendo.

Pero no es su única predicción aquí van otras tres.

1.

2.

Y esta la que no debió haber sido.

3.

Lo que faltaba

Posted in conflicto by Elizabeth Yarce on 13 junio, 2009

En momentos en los que apenas se está conociendo la  verdad de las atrocidades que por órdenes de Mancuso, en los paramilitares y por órdenes de Karina, en las Farc, se han cometido en la guerra de este país, el Gobierno no deja de sorprender nombrando como gestores de paz a estos dos personajes que como pueden apreciar en los dos siguientes links, por más que se arrepientan de sus crímenes aún no empiezan a reparar a las víctimas que son las que deberían elegir si con todos esos crímenes de lesa humanidad encima pueden servirle a la paz en este país. Supuestamente se decreta en el país la ley de Justicia y Paz dizque para que no haya paz y olvido en Colombia. Pero parece ser que todo es una falacia y aquí lo que se está buscando es que haya olvido e impunidad. Por ahora dicen que Mancuso no será gestor, pero dicen muy claramente: Por ahora…

Estos son los links: Karina y Mancuso

Y este, tal cual, es el comunicado del Gobierno del viernes 12 de junio del Alto Comisionado para la Paz, Frank Pearl. “No podemos rasgarnos las vestiduras porque los Gestores de Paz vienen de la delincuencia”: Alto Comisionado para la Paz: “No podemos rasgarnos las vestiduras porque los Gestores de Paz vienen de la delincuencia”, afirmó este viernes, el Alto Comisionado para la Paz y Alto Consejero Presidencial para la Reintegración, Frank Pearl, ante las críticas por la designación que ha hecho el Gobierno, a ex integrantes de la guerrilla, como gestores de paz.

“No tiene mucho sentido que los Gestores de Paz seamos los ciudadanos que nunca hemos delinquido. Precisamente el proceso de paz busca que las personas se salgan de los grupos de autodefensa, de los grupos guerrilleros, para que empiecen a pasar los mensajes claros a la sociedad de por qué eso no conviene, para desarticular esos grupos y para facilitar acuerdos humanitarios”, dijo.

En declaraciones a medios de comunicación, al término de una reunión con el Alcalde de Barrancabermeja, Carlos Alberto Contreras, donde se analizó la situación de los desmovilizados que viven en esta ciudad, el Alto Comisionado reiteró que “ese es el merito del proceso de paz”.

El funcionario manifestó que el Gobierno nacional no ha considerado la posibilidad de nombrar como Gestor de Paz, al ex jefe paramilitar Salvatore Mancuso.

“Salvatore Mancuso tiene que acabar su proceso penal en Estados Unidos, cumplir con la justicia en Colombia y en ese momento, el Gobierno consideraría la solicitud. Por ahora el Gobierno no está considerando la solicitud de Mancuso. En este momento él no va a ser Gestor de Paz”, recalcó.

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