La sinrazón

Junio 13, 2009

Lo que faltaba

Archivado en: conflicto — elizyarcos @ 2:39 pm
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En momentos en los que apenas se está conociendo la  verdad de las atrocidades que por órdenes de Mancuso, en los paramilitares y por órdenes de Karina, en las Farc, se han cometido en la guerra de este país, el Gobierno no deja de sorprender nombrando como gestores de paz a estos dos personajes que como pueden apreciar en los dos siguientes links, por más que se arrepientan de sus crímenes aún no empiezan a reparar a las víctimas que son las que deberían elegir si con todos esos crímenes de lesa humanidad encima pueden servirle a la paz en este país. Supuestamente se decreta en el país la ley de Justicia y Paz dizque para que no haya paz y olvido en Colombia. Pero parece ser que todo es una falacia y aquí lo que se está buscando es que haya olvido e impunidad. Por ahora dicen que Mancuso no será gestor, pero dicen muy claramente: Por ahora…

Estos son los links: Karina y Mancuso

Y este, tal cual, es el comunicado del Gobierno del viernes 12 de junio del Alto Comisionado para la Paz, Frank Pearl. “No podemos rasgarnos las vestiduras porque los Gestores de Paz vienen de la delincuencia”: Alto Comisionado para la Paz: “No podemos rasgarnos las vestiduras porque los Gestores de Paz vienen de la delincuencia”, afirmó este viernes, el Alto Comisionado para la Paz y Alto Consejero Presidencial para la Reintegración, Frank Pearl, ante las críticas por la designación que ha hecho el Gobierno, a ex integrantes de la guerrilla, como gestores de paz.

“No tiene mucho sentido que los Gestores de Paz seamos los ciudadanos que nunca hemos delinquido. Precisamente el proceso de paz busca que las personas se salgan de los grupos de autodefensa, de los grupos guerrilleros, para que empiecen a pasar los mensajes claros a la sociedad de por qué eso no conviene, para desarticular esos grupos y para facilitar acuerdos humanitarios”, dijo.

En declaraciones a medios de comunicación, al término de una reunión con el Alcalde de Barrancabermeja, Carlos Alberto Contreras, donde se analizó la situación de los desmovilizados que viven en esta ciudad, el Alto Comisionado reiteró que “ese es el merito del proceso de paz”.

El funcionario manifestó que el Gobierno nacional no ha considerado la posibilidad de nombrar como Gestor de Paz, al ex jefe paramilitar Salvatore Mancuso.

“Salvatore Mancuso tiene que acabar su proceso penal en Estados Unidos, cumplir con la justicia en Colombia y en ese momento, el Gobierno consideraría la solicitud. Por ahora el Gobierno no está considerando la solicitud de Mancuso. En este momento él no va a ser Gestor de Paz”, recalcó.

Junio 10, 2009

Verdad extraditada

Archivado en: conflicto — elizyarcos @ 4:17 pm

Horno en Catatumbo

Con frialdad, Salvatore Mancuso relató  en una corte de Nueva York que por orden de Carlos Castaño las Auc construyeron hornos crematorios para desaparecer los cadáveres de las víctimas. A diferencia de los otros 13 paramilitares que fueron extraditados con él hace un año, la confesión de crímenes de lesa humanidad en Justicia y Paz podría servirle para descontar la pena que debe purgar en Estados por narcotráfico. Así quedó pactado en mayo del año pasado.

Su caso parece ser la excepción, pues a los otros 13 extraditados la confesión de los crímenes  cometidos en Colombia no les servirá para obtener beneficios en Estados Unidos. De ahí la declaración del fiscal Mario Iguarán en el sentido de que “la reconstrucción de la verdad es  difícil en estas condiciones”. De los otros extraditados, Francisco Zuluaga, Ramiro ‘Cuco’ Vanoy y Diego Murillo, ‘don Berna’ ya fueron condenados por narcotráfico y buscan negociar rebaja de penas, y Carlos Mario Jiménez, ‘Macaco’; Rodrigo Tovar, ‘Jorge 40’ y Hernán Giraldo suspendieron las confesiones y esperan la condena.

Este es el balance tras un año después de haberse producido las extradiciones. Un balance en el que las grandes perdedoras son las víctimas, que ven con preocupación, tal como lo había advertido, que la extradición se está traduciendo en impunidad. “En estos casos, la extradición lleva implícito un sentimiento de incapacidad o falta de voluntad de la Justicia colombiana para juzgar a esas personas por delitos atroces, de lo contrario es difícil entenderla —afirma Michael Reed, del Centro Internacional de Justicia Transicional—. ¿Por qué si una persona está en las garras del Estado y puede ser sometida a Justicia y Paz o la jurisdicción ordinaria, frenan esos procesos con una extradición que pudiera haber tenido lugar posteriormente?”.

Como Reed, muchos expertos cuestionan que la extradición por narcotráfico haya prevalecido sobre el interés nacional de investigar y juzgar a autores de crímenes de lesa humanidad. “La extradición frenó la verdad, la justicia y la reparación y poco se sabrá de más fosas, de restitución de tierras –sostiene Patricia Buriticá, de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación—. Ha sido afectados los derechos de las víctimas y crímenes como construir hornos crematorios para desaparecer gente quedarían impunes”. La extradición relegó a las víctimas a un segundo lugar.

Otros expertos creen que la decisión de extraditar a esos 14 jefes paramilitares con el argumento de que seguían delinquiendo, ocultaba la intención de sustraer de responsabilidad penal a los principales autores de crímenes de lesa humanidad y de garantizar su silencio sobre cómplices y beneficiarios del régimen paramilitar. De ahí que  consideren que otro gran perdedor es el sistema de justicia colombiano que no puede demostrar éxitos en la lucha contra la impunidad por delitos atroces, y que no descarten en el futuro la intervención de la Corte Penal Internacional, que podría actuar su se demuestra que la Justicia colombiana es incapaz o no tiene voluntad de investigar crímenes de lesa humanidad.

En busca de fórmulas

El escenario que plantea la situación de los jefes paramilitares extraditados preocupa a las organizaciones de víctimas y a ONG defensoras de los derechos humanos.  “Las víctimas tienen que buscar otro escenario para que las verdades sean reveladas en Estados Unidos –dice Cepeda-. Es necesario conocer la  verdad y por eso buscamos vías de acceso a ella y a la Justicia”.

Cepeda no cree que todo está perdido y que puede haber una salida que permitiría que otros gobiernos y la propia Corte Penal Internacional (CPI) atiendan lo que puedan decir los extraditados por fuera de las versiones libres. “Ya han hecho declaraciones sobre nuevos responsables de la parapolítica y empresarios de alto nivel que financiaron las Auc —anota Cepeda—. Eso puede tener un fuerte impacto para el Gobierno de Barack Obama que ha hecho énfasis en el respeto por los derechos humanos”.

En cuanto a la CPI, el fiscal Luis Moreno presentó una solicitud al Gobierno colombiano mediante el Embajador en La Haya, Francisco José Lloreda, en la que pregunta por la forma en que se asegurará el juzgamiento de los mayores responsables de crímenes que estarían bajo la competencia de la CPI, incluyendo a dirigentes políticos y miembros del Congreso presuntamente vinculados a los grupos desmovilizados.

“En particular, me gustaría saber si las investigaciones seguidas hasta la fecha indican la comisión de conductas penadas por el Estatuto de Roma, y si la extradición de los líderes paramilitares presenta algún obstáculo en la eficaz investigación de los mencionados políticos”, dice Moreno en la carta. Las cartas están sobre la mesa y todo indica que las víctimas tienen quién las defienda.

Junio 7, 2009

La otra crisis

Archivado en: conflicto — elizyarcos @ 11:54 am

Por estos días todos están preocupados por la crisis económica, pero otra crisis está tomando ventaja y es la de los derechos humanos.  Tal como lo muestran estos seis informes recogidos por la revista CAMBIO y como alertó recientemente Amnistía Internacional, deberíamos estar preocupados de que a diario estén desapareciendo entre 20 y 50 personas en Colombia, a otras ya no las están desplazando sino que de una vez las están matando para quedarse con sus tierras y a otras más no las han secuestrado pero las obligaron a guardar silencio y les quitaron cualquier libertad de expresarse. Pero a estas alturas más de algún lector desprevenido que haya llegado a este blog estará pensando ¿qué hay de nuevo en esto? y seguirá de largo, pasará la página porque la guerra se volvió cotidiana y no logra sorprender a muchos.

Perpetuidad

Archivado en: conflicto — elizyarcos @ 11:33 am

A propósito de la columna de Alfredo Molano sobre aquellos mandatarios a los que les gusta el poder como una droga, habría que preguntarse ¿por qué si está comprobado que cuando unos pocos insisten enperpetuarse en el poder nunca resultan ser  un buen remedio para sus pueblos , estos logran reelegirse y reelegirse y reelegirse sin que nadie logre terminar con esa frenética carrera?. No importa si hay un manto de duda en su gestión o si para estar en el poder hace lo que sea… o con quien sea… El mandatario seguirá ahí porque la mayoría parece pensar como él aunque en el resto del mundo nos vean peor que a Venezuela con su perpetuo Hugo Chávez.

Junio 30, 2008

Nada mas que la verdad

Cuando estaba en la Universidad de Antioquia, en Medellín, lo único que quería hacer era programas musicales. Por eso incursioné en la Emisora Cultural, en el primer año de mi carrera y con algunos compañeros de estudio comentaba sobre los artistas y sus nuevos y viejos álbumes.

En mi ciudad todo estaba revuelto y aún vivía Pablo Escobar, el capo de las drogas. Se podrán imaginar la situación que veía por la televisión: bombas, carros bomba, policías muertos, periodistas muertos y más muertos. Pero a mis 16 años poco me importaba lo que ocurriera con ese señor aunque estaba estudiando Comunicación Social y Periodismo. Era 1992 y creo que hasta ese momento no me había percatado -o no quería percatarme de que vivía en un país en conflicto. (informe-2008-conflictos-en-el-mundo)

Pero al año siguiente las cosas empezaron a cambiar y por casualidad, aún sin graduarme, empecé en un noticiero radial de la cadena SUPER haciendo informes culturales. Mientras tanto, en ese 1993 murió Pablo Escobar y la ciudad parecía acabar así con una historia de terror que, tal parece, no había significado tanto para mí hasta ese momento. Sencillamente, como ocurre con muchos ciudadanos, nunca sentí amenazada mi vida y el dolor de los otros no era el mío.

Por esos días un compañero de la emisora enfermó y debí asumir su trabajo: noticias políticas locales. Y poco a poco la política se mezcló con la violencia y murió más gente. El conflicto tocaba todas las esferas sociales y yo apenas empezaba a entender lo que ocurría en mi país. Era 1994 y entendí lo que dolía cada muerte cuando una turba enfurecida atacó la emisora el 3 de julio de 1994, un día después del asesinato del futbolista Andrés Escobar y desde entonces empecé una carrera que hasta ahora ha tenido el dolor de miles de víctimas como fuente primaria de información. Suena descarnado, pero es la realidad de muchos de los periodistas colombianos.

En 1995 ingresé al periódico EL ESPECTADOR, como corresponsal en Medellín y desde entonces he trabajado como periodista en conflicto armado y derechos humanos. En ese año explotó una bomba en el corazón de la ciudad, la primera semana de trabajo. De ahí en adelante no tuve tiempo de pensar qué iba a escribir porque la realidad era contundente: Cada semana había que cubrir un desplazamiento, una masacre ( historia_conflicto) , desapariciones y homicidios.

Las Farc, el Eln, las autodefensas y el Ejército libraban una guerra sin cuartel y los periodistas éramos solo el canal que mostraba la situación de miles de civiles indefensos. Desde entonces tuve claro que la misión del periodista es la de denunciar la irracionalidad de la guerra contra la población civil, las violaciones a sus derechos fundamentales, la destrucción de sus bienes, el uso de sus casas como trincheras, la desproporcionalidad del armamento utilizado por los grupos armados.

Me preguntaba qué hacer más allá del registro diario de la noticia escueta y cómo contribuir con una visión que no se limitara a ser un obituario y pellizcar a la sociedad y su dirigencia para que buscaran salidas para los civiles atrapados en el choque con fusiles y otras armas de alta velocidad y contundencia.

Ese es hoy el dilema diario de los periodistas que cubren noticias relacionadas con el conflicto armado interno que padece Colombia. Las preguntas tendrían una fácil resolución si los reporteros no trabajaran bajo presiones y amenazas de quienes ostentan el poder de las armas para hacer su trabajo. También sería cómodo si los dueños de los medios de comunicación estuvieran al margen de intereses políticos de los gobernantes que en la actualidad se intrometen en las redacciones y sacrifican la independencia de muchas de ellas.

Decir la verdad en tiempos de guerra y corrupción es la dificultad diaria en Colombia de ahí la frase de que en una guerra la primera gran sacrificada es esa verdad.

Estando en EL ESPECTADOR recordé una frase de Guillermo Cano, director del diario asesinado el 17 de diciembre de 1986 por sicarios de Pablo Escobar: “A este país lo que le está faltando no es plata, metálico, materialismo puro sino profunda reconquista de la moral en el sector público y privado. El narcotráfico nos ha corrompido, el contrabando nos ha corrompido, la compra y venta de influencias nos ha corrompido, la mordida nos ha corrompido, el afán del dinero fácil nos ha corrompido, el alquiler del voto nos ha corrompido. Estamos presenciando el crecimiento de una generación sin fronteras morales, sin valores ni principios”.

Hoy 22 años después de la reflexión de Cano la situación no ha cambiado y mis preguntas siguen siendo las mismas sobre mi quehacer periodístico en una “democracia” en guerra. Fue justo el diario de Guillermo Cano el que me abrió las puertas para descubrir este maravilloso oficio. De ese valeroso director había un legado tan grande que me parece increíble que existiesen periodistas tan valientes y decididos como él. Guillermo Cano, sin pelos en la lengua para cantarle las verdades a los narcotraficantes había muerto con la frente en alto por una causa que es la más difícil de todas en esta profesión: La verdad.

Hoy, vergonzosamente, el crimen de Cano -como el de la mayoría de periodistas de Colombia- sigue impune. Pero su trabajo vive aún en quienes creen en un periodismo libre, honesto, responsable y que no teme desenmascarar a los asesinos. Eso he tratado de hacer pero es difícil.

Después del diario de Cano pasé en 2002 a EL COLOMBIANO como reportera de la Unidad de Paz y Derechos Humanos donde estuve hasta 2007. Allí cubrí de cerca el conflicto urbano de Medellín con los nuevos narcotraficantes encima: los paramilitares hoy desmovilizados. Presencié como periodista decenas de dolores producto de la irracionalidad de este conflicto en todo el país. Muertos de todos los bandos, desaparecidos, secuestrados, torturados… Víctimas y más víctimas. También el surgimiento de procesos de paz y su fracaso. Peor aún, una desmovilización de las autodefensas hoy cuestionada por el incumplimiento a los acuerdos pactados por los ex combatientes…

Entendí que el conflicto no puede verse como un suceso exclusivamente militar. Tiene raíces profundas asociadas a los problemas cotidianos de esas comunidades afectadas, un recorrido histórico, una causalidad y unos efectos que no pueden desconocerse. quela respuesta a la pregunta de cómo decir la verdad es tomar posición: no hacerse el de la vista gorda ante un desangre permanente y un acoso a la población civil por parte de los armados ilegales, o en algunos casos por la misma autoridad, sin importar cuantos civiles arrasen.

Se requiere presentar causas, consecuencias, protagonistas, afectados y un profundo análisis de la sociedad. Un conocimiento claro de la historia, de la situación de la sociedad civil y todos los elementos que nos pueden proporcionar politólogos, investigadores sociales, líderes comunitarios y lo más importante, el ciudadano común que padece la crueldad de la guerra.

Por eso hay que dejar a un lado la noticia escueta y complementarla con los antecedentes, las consecuencias y el análisis. Darle voz a los que no tienen voz para que cuenten su realidad y el resto de la sociedad se pellizque… El conflicto se ha tomado la primera línea de nuestras agendas de trabajo, es el primer tema de nuestros consejos de redacción, ocupa nuestro titulares de primera y ha sido la realidad cotidiana de nuestro trabajo de reporteros. La actividad del periodista, por tanto, está ligada al origen y existencia de los conflictos.

La mejor herramienta para no ser objeto de las balas es el sentido de reflexión, el de construir valores, el del análisis con antecedentes y consecuencias de los hechos, el de servir a la sociedad, esta última, razón de ser de nuestra profesión en una sociedad democrática.

Desde julio del año pasado trabajo en la Revista CAMBIO. Ahora sigo con el tema del conflicto, la paz, la guerra, las víctimas, los derechos humanos… Sigo en el tema. Aunque parezca cruel que de esas noticias provenga mi sustento diario -mientras miles de familias padecen la pérdida de un ser querido o de sus tierras- hoy sé que esa es mi misión como periodista. Lo hago para que al menos quede un registro de lo que pasa aquí y, a futuro, cada miembro de esta sociedad entienda que no puede estar al margen del dolor de los demás, como esa universitaria que describí al principio.

 

Esto es Colombia  ( estoescolombia1)

Febrero 6, 2008

El poder de la voz

Archivado en: conflicto — elizyarcos @ 2:53 pm
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